Inicio → Servidores y velocidad
Dentro de la vista general sobre por qué cada comparativa de VPN da un ganador distinto, el tercer criterio suele ser el más fácil de manipular visualmente: basta con poner un número grande en la página de precios — "más de 5.000 servidores en 60 países" — para dar una impresión de superioridad que no siempre corresponde con la velocidad real que va a experimentar quien contrata el servicio.
Un proveedor puede tener miles de servidores concentrados en un puñado de países y apenas presencia en el resto del mundo, mientras otro con una cifra menor puede tener una distribución mucho más equilibrada según dónde realmente se conecta su base de usuarios. El número total, sin contexto de distribución geográfica ni de capacidad por servidor, funciona más como cifra de marketing que como dato técnico útil para decidir.
No todas las "ubicaciones" que aparecen en la lista de un proveedor corresponden a una máquina física en ese país. Algunas son ubicaciones virtuales: el servidor está físicamente en un país distinto, pero se le asigna una dirección IP que aparenta estar en la ubicación anunciada. Esto no es necesariamente un engaño — puede tener razones técnicas o legales legítimas — pero cambia lo que esa ubicación realmente significa, sobre todo si el motivo para elegirla era la latencia hacia esa región o su marco legal específico. Los proveedores más transparentes suelen etiquetar claramente cuáles ubicaciones son virtuales, algo que rara vez se menciona en una comparativa que solo cuenta países en una lista.
Un servidor cercano y bien mantenido, pero saturado porque miles de personas se conectan a él en la misma franja horaria, puede rendir peor que un servidor más lejano con menos carga. Esto explica por qué la misma conexión puede sentirse rápida a media mañana y notablemente más lenta en horario pico, sin que haya cambiado nada más que la cantidad de gente conectada al mismo punto. Muy pocos proveedores publican datos de carga en tiempo real, así que esta variable rara vez entra en las comparativas, aunque sea una de las que más afecta la experiencia real.
La velocidad de descarga es la cifra que más se destaca en las pruebas, pero la latencia — el tiempo que tarda un paquete de datos en ir y volver — importa más para ciertos usos, como videollamadas o juegos en línea, que para descargar un archivo grande. Un servidor puede ofrecer un ancho de banda alto y, aun así, tener una latencia incómoda si está geográficamente lejos o si la ruta de red hacia él da muchos saltos. Antes de elegir servidor según el uso que se le va a dar, conviene saber cuál de las dos métricas importa más para ese uso específico.
La intuición dice que el servidor geográficamente más cercano será siempre el más rápido, pero eso solo es cierto si además está poco cargado y bien conectado a la red troncal de internet. Un servidor en un país vecino, con mejor infraestructura de conexión internacional, puede superar en rendimiento real a uno técnicamente más cercano pero peor conectado. La única forma confiable de saberlo es probar varios servidores cercanos entre sí y comparar el resultado, no asumirlo por el mapa.
Algunos proveedores ofrecen servidores optimizados para un uso específico: mayor ancho de banda reservado para streaming, ofuscación de tráfico para redes que bloquean activamente el uso de VPN, o configuraciones pensadas para el intercambio de archivos por P2P. Elegir el servidor genérico más cercano cuando existe uno especializado disponible para el uso real que se le va a dar suele producir peor rendimiento que elegir el servidor correcto para esa tarea, aunque esté un poco más lejos.
Las pruebas de velocidad publicadas por sitios de reseñas suelen medirse desde un solo lugar del mundo, en un momento puntual, con una sola conexión de referencia — condiciones que probablemente no coinciden con las de quien lee esa reseña desde otra región y otro proveedor de internet. Esto no invalida la prueba, pero sí limita cuánto se le puede confiar como predicción exacta del rendimiento propio — sobre todo si la región desde la que se hizo la medición queda lejos de donde realmente se va a usar el servicio a diario. Un resultado útil de este tipo de pruebas es la comparación relativa entre proveedores medidos en las mismas condiciones, más que la cifra absoluta de velocidad que cada uno reporta.
El rendimiento final no depende solo del servidor ni solo del protocolo por separado, sino de cómo interactúan los dos. Un servidor excelente con un protocolo mal configurado puede rendir peor que un servidor modesto con una configuración cuidada, y viceversa. Por eso una comparación seria no aísla el criterio de servidores del criterio de protocolos revisado en la página anterior: ambos se retroalimentan, y evaluarlos por separado sin tener esto en cuenta puede llevar a conclusiones equivocadas sobre cuál de los dos es el verdadero responsable de un mal resultado.
Ninguna prueba publicada por un tercero reemplaza una prueba propia en las condiciones reales de uso. Conectarse a dos o tres servidores candidatos, a la hora del día en que realmente se va a usar el servicio, y medir tanto la velocidad como la latencia con una herramienta simple, da una idea mucho más confiable que cualquier promedio publicado en una reseña genérica, que probablemente se midió en un horario y una región distintos a los propios.
Ninguno de estos puntos exige equipo especializado ni conocimientos técnicos avanzados: una prueba de velocidad gratuita, repetida en dos o tres momentos distintos del día, dice más sobre el rendimiento real que cualquier cifra de servidores impresa en la página de precios.